PABLO NATALE: "¿QUÉ ES LO IMAGINARIO EN UN ANIMAL?"
















La primera vez que leí el nombre de Pablo Natale fue en una reseña musical. Su banda, Bosques de Groelandia, tenía las etiquetas de “Indie otoñal” y “dreampop de Alberdi”. Después, descubrí que Natale era autor de la novela Los Centeno. En algún momento comenzamos a hablar sobre  blogs de literatura. Hace unas semanas apareció su libro Viaje al comienzo de la noche en una prestigiosa editorial argentina.

Jorge Posada: ¿Cómo fue el acercamiento entre Ediciones Vox y tu obra?

Pablo Natale: He leído durante años los libros de Vox y su catálogo me parece valiosísimo. En algún momento tuve la ocurrencia de escribirle a Mr. Vox para enviarle unos poemas y le interesó el libro. La primera versión que le envié era larguísima, tenía más de 50 poemas. Me tomé casi un año y medio en encontrar la versión y la poda final.


JP: ¿Qué te atrae de los comienzos? ¿La promesa, los territorios que aún no se cumplen? ¿Qué encuentras en la frase de Goffman, “El mundo es, en verdad, una boda”, que sirve de epígrafe en tu libro? ¿Quiénes son los esponsales, qué tipo de ceremonia imaginas, los votos contemplan la eternidad?

PN: Ambas cosas, lo “potencial” sobre todo. Pienso en el reino de las hadas y los ogros, en esos personajes que parecen no existir, de los que uno duda y que en realidad están abriendo otras posibilidades, el reino del “podría ser”. La frase de Goffman, así, suelta, es excesiva y totalitarista pero también curiosa: no creo que trate de la eternidad, ni del matrimonio. Habla en cierto modo de la importancia que tiene “el amor” en la vida cotidiana, en todos los niveles: “Me gusta”, “no me gusta”, “me junto” “me caso”, las “alianzas”, la “sociedad tal”, etcétera.



Juguetes

Mi hermana me pregunta
si algún día me voy a casar.
No me pregunta si creo en el amor
sabe que no podría preguntar eso.
Tiene una muñeca entre las manos
y siete muñecas en una repisa al costado de la cama.
Las muñecas: Julieta, Romea, Adefesia, Benita,
Literatura, La muerte y Doña Eterna.
Ésa es mi hermana.
Caminando bajo las luces
de su vida imaginaria
haciéndome preguntas que después
le hace a sus muñecos de formas simples
y nombres rebuscados.
Así son las cosas.
Los cerámicos, el color rosa en la pared
juguetes, mi hermana, los años que quedan.
Juguetes.
Así me gustaría hablarle del amor.




JP: ¿Qué relación tienes con Céline?

PN: La de un dj con uno de sus discos, incluso con uno que no escuchó.


JP: ¿Todo paraíso es imaginario? ¿Los animales son sus habitantes?

PN: Del animé me gusta, particularmente, cómo desarticula la diferencia entre animales y hombres. ¿Qué es un animal, qué es un humano, qué es lo “animado”?, se pregunta, invariablemente, un buen animé. La gente les pone nombres de personas a sus perros, les hablan y les hablamos como a criaturas. Me pregunto qué es lo imaginario en un animal, qué es el paraíso en un animal. Por otro lado, sólo sé que encontré en la imaginación una ciudad o, más bien, un cofre con miles de mapas.



La carretera Noé

Los animales no hablan
y los recuerdos tampoco.
Me gustaría tallar eso en el árbol
al que trepamos con papá
en el paraíso imaginario.
Los animales no hablan
nos diríamos
tendidos allá arriba como si sólo fuésemos ropa
empujada por el viento.
Los nombres se secan
nuestras manos se secan y los recuerdos
se secan.
Somos animales
me gustaría decirle a papá
en el silencio de la noche.
La casa se viene abajo y tan sólo somos
animales.





JP: ¿De qué información, de qué referentes estaría hecho el cordón umbilical que te une con el mundo? De un lado está Natale, del otro ¿quién?
PN: Está ese sueño o pesadilla común a varios de los mortales en esta época en el que uno sale de su propio cuerpo y se eleva o desciende o entra en otra dimensión, todavía atado a ese hilo umbilical, y empieza a ver de las cosas como si fuesen otras, con otra distancia. A ese hilo lo llamo (sobrevalorando, quizás, el término) “arte”. Dicho esto, uno y otro lado son el mismo lado.
Referentes en mi mundo, infinitos, de acuerdo a la época: ahora estoy encantado con los poemas de Víctor López Zumelzu, con la poesía de Daiana Henderson, el último libro de cuentos de Francisco Bitar, la gran “Casa de hojas”, la música de Belle and Sebastian, el pequeño mundo ilustrado de María Negroni, un cuento brillante de Neil Gaiman y los documentales sobre bandas.


JP: ¿Cuánto dinero te cuesta sentarte a leer, a escribir, a pensar poesía? ¿Cuánto de tu cuerpo, de tu día?

PN: Elegí una vida donde el dinero no está en primer plano. Puede que me haya equivocado. El futuro es gris, o es la noche. No uso anteojos y quizás por eso estoy empezando a tener problemas al leer, igual la espalda. Deberé cuidarme. El otro día pensé: es una guerra, tengo que hacer lo posible por llegar al final en las mejores condiciones.



Los tecladistas del amanecer tienen una nueva banda

Y ahora mi hermano crece
desearía enseñarle el dudoso valor de los buenos modales
y sobre todo educarlo en el costo
de la comida dilapidada
ese plato de comida sale el cero coma cinco por ciento
del sueldo de tu madre
eso parece poco pero si lo multiplicás por tres
y el total por treinta
el resultado es un número estrepitoso que da pavor
todos los días tu madre está luchando para que vos comas
todos los días trabaja con el resto de vida que le queda
para que puedas chupar con tus amigos
y para que estemos sentados a la mesa
sin saber qué hacer con nuestros días
mañosos, orgullosos, distantes
y ahora mi hermano crece
y no tiene conciencia de los números
ni del valor económico de cada día en la vida de mi madre
ni de lo que puede pasar de acá uno o dos años
si ella muere y la casa se desvanece
podría enseñarle un par de cosas a ese niño
sentado en la vereda
podría ayudarlo a que se apure, a que obtenga madurez
la madurez es un banco de fuerza, un botón apretando el cuello
los números que no cierran, el futuro que se abre
tengo envidia de mi hermano
tengo envidia de todos esos adolescentes
quiero estar solo en la calle.




JP: ¿Cómo surge tu preocupación por los lugares y las personas inexistentes, por los sitios y las circunstancias que no habitarás? ¿En esta imposibilidad hay un anhelo parecido al de Álvaro de Campos por conocerlo todo, por ser cada una de las personas? ¿El libro es un recado que no habías entregado a tu hermana?

PN: Lo de Álvaro de Campos me lo había olvidado, me parece encantador. Sí, tengo envidia de la vida de las otras personas, y de los ángeles y demonios de la fábula católica, porque pueden verlos e incluso sentir empatía.
Sobre mi preocupación por los lugares inexistentes y las personas inexistentes: soy sedentario por hábito, le doy clases a extranjeros y, sobre todo, me abruma que el abanico de posibilidades y elecciones de vida sea tan acotado. Lo mismo que ocurre en la colección “Elige tu propia aventura”, de hecho, una colección que devoré en su momento, junto con mis amigos, en una casa de verano. Pero sólo eran ochenta, noventa páginas por libro. Y había dos o tres posibilidades por página para elegir. Respecto a los hermanos: solo dejo regalos.


JP: “Somos los eternos endeudados”. ¿Qué significados encuentras en este verso? ¿Qué implicaciones sociales y culturales tiene?

PN: Como puede que sepan, en este momento en Argentina estamos con el tema “Fondos Buitre” y somos un país cuya economía ha estado apegada durante mucho tiempo al dólar. Pienso que deber ser extraño vivir con esa sensación de que vivo con gente a la que se le dice que le debemos algo a alguien, sin parar, desde que tenemos uso de razón; de que otros, por el hecho de vivir o haber nacido en otra parte, tienen privilegios. Otra vez entonces, ahí, aparece el cordón umbilical: pienso en el manifiesto antropófago, en Luca Prodan, en Borges, en Bellatín, en Bolaño, en las películas de Llinás, en la gran escritora Cuqui, y otra vez estoy en casa, donde sea que eso quede.



La gran manzana

“Somos los eternos endeudados”, te dije.
Vos soñabas que estábamos en Mykonos
y conocíamos el mar.
Habíamos preparado empanadas la noche anterior
las mejores empanadas del mundo
y antes la lluvia nos agarró desprevenidos
mojamos la casa, se cortó la luz
y después practicamos poses nuevas
te quedaste dormida y te despertaste
y te volviste a dormir.
Yo era un vigilante, mi propio vigilante y nuestro vigilante
leyendo sobre los eternos endeudados.
“Somos los eternos endeudados”, te dije
y te acaricié la cabeza.
Pensé en un futuro que pudiera ser mejor
pensé en la lluvia recortando las cosas.
Vos soñabas con Mykonos
y un poco de agua
formaba un charco a nuestros pies.




JP: El libro da la sensación de ser una fotografía de un grupo de personas dormidas y desparramadas en el suelo. Los poemas serían sus recuerdos, sus temores, su entorno. ¿Tú qué imagen tienes del libro?

PN: Me gusta mucho esa imagen de la que me has hablado. No había pensado en ella, me gustaría quedarme mirándola un rato más.


JP: ¿Cómo escribes? ¿Llega una idea, una música e inmediatamente la desarrollas o hay un proceso, una meditación?

PN: Depende mucho el género y el libro al que estoy abocado. Para los poemas de “Viaje…” así como para los de “Vida en común”, pensé en una música, en un par de temas, en las fotografías y retratos como subgénero, y en los poetas nostálgicos, tipo Teiller o el Ted Hughes de “Cartas de cumpleaños”. Hubo varios poemas, luego el cansancio consiguiente de haberlos escrito, la necesidad de hacer más para tener mayor margen de error al armar un libro, la repetición de ciertas estructuras, la consiguiente búsqueda de quebrar algo de ellas.

JP: ¿En qué proyectos trabajas en la actualidad?


PN: Estoy armando un nuevo libro de cuentos al que todavía no le encuentro la forma final, y en un par de nouvelles que debo dejar descansar hasta principios de 2015. El libro de cuentos es una de las prioridades; la otra son las canciones de bosques de groenlandia, la otra “Las siete maravillosas antologías contemporáneas”, un libro donde inventé siete seudónimos-personajes y los encerré en un castillo a escribir sobre temas contemporáneos como jóvenes poetas a la moda.  





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